Camino de servidumbre by Friedrich A. Hayek
Publicado en 1944, Camino de servidumbre sigue vigente. Friedrich Hayek, economista austriaco, lo escribió durante la Segunda Guerra Mundial para advertir sobre algo que veía como peligroso: la planificación económica central.
Su mensaje es claro: incluso el control gubernamental con buenas intenciones puede quitarnos la libertad poco a poco. Y en el peor caso, llevarnos hacia la dictadura.
1. El peligro de la planificación central
El argumento de Hayek es directo: cuando el gobierno controla la economía, acaba controlando la vida de las personas. Si el estado decide quién obtiene qué, también decide quién puede hacer qué.
Puede empezar con buenas intenciones, pero termina en coerción. La gente tiene objetivos distintos y los planificadores no pueden satisfacer a todos.
“Controlar la economía significa controlar todo lo que las personas quieren hacer. (Capítulo 7)”
2. La ilusión del socialismo “bueno”
Hay quienes creen en el socialismo democrático: mezclar libertad con planificación compartida. Hayek no se lo tragaba.
Sostiene que no se puede separar el socialismo del autoritarismo. Planificar “en nombre del grupo” implica ignorar las elecciones individuales. Tarde o temprano, quienes dirigen el sistema necesitan silenciar a los disidentes. Y eso abre la puerta a los peores líderes.
“Los peores llegan a la cima. (Capítulo 10)”
3. Estado de derecho vs. gobierno discrecional
En una sociedad libre, las reglas se aplican a todos, se conocen de antemano y son consistentes. Como las normas de tráfico.
La planificación necesita reglas flexibles. Los burócratas toman decisiones sobre la marcha, lo que les da mucho poder. Para Hayek, eso es un problema. Cuanta más discreción tienen los funcionarios, menos protección tiene el individuo.
“Nada distingue más claramente las condiciones en un país libre de las de un país bajo gobierno arbitrario que la observancia en el primero de los grandes principios conocidos como el Estado de Derecho. (Capítulo 6)”
4. Los mercados funcionan porque nadie los dirige
Hayek creía que ningún planificador, por listo que sea, puede reemplazar lo que el mercado hace solo.
¿Por qué? Los mercados usan señales de precios para compartir información. Millones de personas tomando decisiones envían señales sobre lo que se necesita y lo que no. Gestionar eso desde arriba es ineficiente y casi siempre falla.
“Cuanto más ‘planifica’ el estado, más difícil se vuelve la planificación para el individuo. (Capítulo 5)”
5. Pérdida gradual de libertad
Hayek no advertía sobre dictaduras de un día para otro. Le preocupaba la pérdida lenta de libertad: controles de precios aquí, industrias nacionalizadas allá.
Cada paso parece inofensivo, pero se acumulan. Cuando la gente depende demasiado del estado, cuesta decir no a la siguiente “solución” desde arriba.
“El peligro de tiranía surge inevitablemente de los métodos del colectivismo. (Capítulo 10)”
¿Sigue vigente Hayek?
Sin duda. El mundo ha cambiado, pero la tensión entre libertad y control sigue ahí. Hayek nos recuerda que la libertad no desaparece de golpe. Se desvanece cuando dejamos de prestarle atención.
Claro, algo de gobierno hace falta. Pero su advertencia permanece: demasiado control, aunque venga con buenas intenciones, puede llevarnos donde no queremos estar.